Nuevamente escucho las canciones que me acompañaron en el viaje a Antofagasta, que realicé hace como más de dos semanas. Fue un viaje no planificado, como suele ocurrir con ciertas aspectos de la vida. Fue un trayecto largo y no sólo por las casi 20 horas que implicaba, sino también porque durante todo el viaje, tenía un nudo en mi garganta, sabía algo que no se lo podía decir a mi mamá. Eso fue lo más difícil de todo.
El jueves en la noche supe por mi primo, que mi tía estaba grave ( producto de una neumonía). Al otro día se lo comuniqué a mi mamá, así que decimos partir a Antofagasta el sábado. Ya que no habían pasajes. Pero nunca me esperé que ese día, a horas de partir, me llaman para informarme que el desenlace ya se produjo. Realmente fue inesperado y tampoco no se lo podía decir así a mi mamá, porque como tiene problemas cardíacos y además ya estábamos por viajar. Así que opté por no decir nada, hasta llegar a nuestro destino.
Durante el trayecto mi mamá me decía “ Tu tía se mejorará. Estoy segura de eso”. ¡Qué heavy!. Sólo me quedé en silencio. Cuando vi que ella ya se estaba quedando dormida, traté de hacer lo mismo, pero al final no pude, además que andaba mareada.
Ha sido un comienzo de año intenso. Con intenso me refiero a la carga emocional que conlleva perder a un ser querido. Aunque no es la primera vez que paso por una situación así, es la primera vez que lo expreso en el blog, en forma más real, y no a través de metáforas. Generalmente no me gusta hablar del tema, pero quizás expresándolo por este medio, en donde no tengo a otra persona en frente directamente, pueda ser una buena manera de liberarlo.
Yo tenía pronosticado volver a Antofagasta a finales de Enero, por varios motivos, para ayudar a mi tía en su recuperación ( por una fractura en la cadera) y también por motivos laborales. Pero ahora simplemente no sé qué decisión tomar. ¿Volver o no volver?. Qué dilema, qué complicado. Hace mucho tiempo, que me di cuenta que la vida no es fácil